
1 febrero, 2026
Hace tan solo 20 años los vinos más deseados de Francia, por los que se […]
Hace tan solo 20 años los vinos más deseados de Francia, por los que se pagaban precios desorbitados, eran los Medoc de Burdeos, pero al parecer, muchos aficionados se cansaron de su enorme concentración y tanicidad de los cabernets sauvignon, y descubrieron la fluidez de los borgoñas. Eso sí, la complejidad de la clasificación de estos vinos, de origen medieval, y de sus viñedos basados en el concepto terroir, no resulta sencilla para el no iniciado.
Beaune es la capital vinícola de esta hermosa región, coqueto pueblo medieval, que cuenta con uno de los edificios más emblemáticos de la región, el Hospicio de Beaune, fundado en 1443 por Nicolas Rolin, canciller del Ducado de Borgoña, como un albergue para gente sin recursos (un Hôtel-Dieu). El edificio original, de enorme belleza, es uno de los más destacados ejemplos de arquitectura francesa del siglo XV, es hoy en día un museo que bien merece la pena visitar.
En 1869 comenzaron a realizarse las primeras subastas de vino, de donaciones de las bodegas y particulares, que querían contribuir con el mantenimiento del hospicio. A su vez, el Hospicio adquiría hasta 60 hectáreas de viñedos de la mejor calidad en las prestigiosas regiones de Côtes de Beaune y Côtes de Nuits, para comercializar el vino con su propia marca: Hospices de Beaune. En la actualidad, todos los meses de noviembre se realiza esta famosa subasta de vinos de Borgoña con fines benéficos.
La clasificación de esta extensa región vinícola, que abarca desde Mâcon, situada al norte de Lyon, hasta Chablis (con sus vibrantes y minerales chardonnays), ya próxima a la región de Champagne, se cimenta en el terroir: la personalidad de los vinos en base a su suelo, clima y variedades de uvas, con el buen hacer de los elaboradores. Al sur de Beaune encontramos la Côte de Beaune y al norte la Côte de Nuits, cuyo secreto mejor guardado es la suave colina orientada al este donde se encuentran los mejores viñedos de la variedad blanca Chardonnay y la tinta Pinot Noir.
Durante siglos los monjes fueron clasificando los mejores viñedos, que en general son los que se encuentran en mitad de la colina. Borgoña cuenta con cerca de 100 Denominaciones de Origen, desde la genérica Borgoña, hasta los selectos Grands Crus. Los cuatro niveles de calidad y por lo tanto de prestigio, son: Village hace referencia a los viñedos de un pueblo en concreto, que aparece en la etiqueta, como puede ser Meursault o Vosne-Romanée.
El siguiente nivel de calidad son los Premiers Crus (10% del vino borgoñón), que destacan por su terruño singular, que aquí denominan climat, por lo que se etiquetan con el nombre del village del que provienen y a continuación el nombre de tan excepcional viñedo. En la cumbre de la excelencia se encuentran los Grands Crus, tan solo 33 en toda la denominación (2% del vino), predominando en la Côte d’Or, y uno en la región de Chablis. Vinos de gran personalidad, muy exclusivos, a precios realmente elevados, como los de la Domaine De La Romanée-Conti. Los climats o terruños de los vinos de Borgoña son Patrimonio de la UNESCO desde 2015, impulsando el prestigio de su arrebatadora personalidad.
Visitamos la bodega Château Chassagne-Montrachet, en pleno corazón de Côte de Beaune, a unos 20 kilómetros al sur de esta ciudad medieval. Este Château es propiedad de la familia Picard, que funda su compañía vinícola en Borgoña en 1951, y que cuenta con 3 hectáreas de viñedo entre sus muros. En la actualidad ya poseen 140 Ha en Côte de Beaune, que cultivan en biodinámica, con el foco en la uva blanca Chardonnay (un 70%) y el resto de la variedad tinta Pinot Noir (30%). Sorprende que las cepas están plantadas muy bajas, con mucha densidad de plantación, para estar más cerca al calor del suelo.
En la antigua cava subterránea del Château, reposan los huevos de hormigón y tanques de inox, que respetan más el terroir del vino que la barrica de roble. En la cava del siglo 14 reposan los vinos en barricas, pero sus PN realizan tan solo un 50% de crianza en barricas, y el resto en inox. Es fundamental que solo utilizan un 15% anual de barrica nueva, la mitad de roble francés y la otra mitad austriaca, de tostado bajo. Cada barrica tiene los aros de distinto color, que indican el año que las compraron nuevas. La media de crianza para sus vinos chardonnay y PN es de entre 12 y 14 meses, aunque para sus vinos Grand Crú es algo mayor, de 18 meses.
Catamos una selección de sus vinos:
Esta breve aproximación a los vinos de Borgoña, nos ha dejado un grato sabor de boca, y muchas ganas de seguir explorando esta seductora región.
Texto y fotografías: Jesús Bernad
