Reportajes

26 septiembre, 2017

World Desert Wine Festival 2017

Wuhai, ciudad china de Mongolia Interior, celebra el Festival de los Vinos del Desierto.


La región china de Mongolia Interior, a unas dos horas al noreste de Beijing, en el corazón de la Ruta de la Seda, se ha convertido en una de las principales regiones vinícolas del gigante asiático, impulsando el cultivo de la vitis vinífera como alternativa a las contaminantes minas de carbón que hicieron de esta comarca la cuarta más rica del país. Lo más sorprendente es que los viñedos están plantados directamente sobre arena del desierto del Gobi, una de las regiones más secas de la tierra, pero que al contar con el agua del lago del Río Amarillo, a su paso por Wuhai, ha permitido un cultivo óptimo, y el desarrollo de imponentes bodegas que elaboran vinos cada vez más prometedores.

 

 

En Wuhai, ciudad moderna de medio millón de habitantes, de amplias avenidas, extensos jardines y monumentales edificios públicos, se celebró la segunda semana de septiembre de 2017, por segundo año consecutivo, el “The Silk Road” World Desert Wine Festival, congreso que aglutina los países productores de vinos en condiciones desérticas o semidesérticas, con una pluviometría escasa y que por sus condiciones extremas obtienen unos vinos de marcada personalidad. Durante dos intensas jornadas pudimos visitar también las emblemáticas bodegas de Chateau Hansen, Chateau Jiolis y Chateau Shaen, monumentales bodegas de marcada inspiración europea.

 

La primera jornada se desarrolló en el Chateau Hansen, ubicado a orillas del lago de Wuhai, frente a su imponente skyline, y con la emblemática montaña de esta ciudad coronada por un gigantesco busto de Gengis Kan, el célebre conquistador mongol, oriundo de estas tierra, que llegó a dominar la mayor extensión de tierra junta del planeta, desde los confines de Asia a las puertas de Europa. Durante toda la noche iluminan con luces led la montaña entera y el busto del emperador mongol, creando un fascinante juego de colores, que según palabras de uno de los invitados al evento era tan solo una muestra del actual poderío chino.

 

 

Bruno Paumard, winemaker de Chateau Hansen, nos muestra sus viñedos rodeados de árboles, para evitar que los fuertes vientos dañen la polinización de las vides, y nos muestra su viñedo plantado directamente sobre la arena del desierto, aunque con regadío de las aguas del Río Amarillo. Hace 20 años comenzaron con la plantación del viñedo, donde predominan las variedades tintas Cabernet Sauvignon y Cabernet Gernischt (uva prefiloxérica de granos grandes y que da vinos ligeros pero equilibrados), aunque también han plantado uvas blanca, como la Ugni Blanc, cuyo vino destilan para elaborar una especie de brandy sin añejamiento en madera. Bruno, originario del Loira, destaca que la gran altitud de la región, 1.200 metros, permite un cultivo ecológico de la uva, y que están descubriendo el terroir de los vinos del desierto de Gobi, por lo que propone un nombre específico de la región: Wuhai Valley.

 

Durante la primera jornada del congreso, pudimos conocer más a fondo las características de los vinos del desierto de regiones semiáridas de los vinos de México, como ocurre en la región de Guanajuato y Baja California; los interesantes viñedos de las regiones del norte de Chile, del desierto de Atacamas (valle del Huasco) y los valles semidesérticos de Limarí, Elqui y Choapa, donde predomina la uva pisquera. Los conferenciantes chinos realizaron sus ponencias desde un punto de vista más técnico, con enfoques sobre cómo afecta al vino el tipo de levaduras durante la fermentación, o las características idóneas en el desarrollo de las bacterias malolácticas en los vinos tintos.

 

 

Tuve el honor de ser invitado a dar una ponencia, titulada: “España un país de vinos; el reto de las altas temperaturas en el viñedo”; en el cual desglosamos como cada vez tenemos que afrontar una mayor escasez de precipitaciones sumado a temperaturas muy elevadas (el verano del 2017 ha supuesto un record en el país con 47,3º C), que conlleva a una diferencia importante del momento de la óptima madurez de los azucares respecto a la piel, de forma que cada vez se elaborar vinos de grado alcohólico más elevado, sin la preciada acidez natural. Vinos que pierden la personalidad de su región, cada vez más cálidos, y ante esta situación, las bodegas tienden a plantar los viñedos a mayor altitud, y algunas apuestan por uvas más resistentes al calor, como la variedad levantina Monastrell.

 

El ciclo de conferencias culminó con la presentación del novedoso diseño de una copa pensada para los vinos del desierto, de la mano del célebre sumiller de Hong Kong, Daniel Lee. Lee mostró, con ejemplos prácticos, las características sensoriales de una clásica copa de Burdeos y otra de Borgoña, pudiendo catar con ellas distintos vinos, y por último en la novedosa copa con el fondo hundido que potencia los mejores aromas afrutados de los vinos, y por su mayor aireación, una boca más rotunda y jugosa. En la segunda jornada, celebrada en el Chateau Jiolis, pudimos catar a ciegas los mejores vinos de Wuhai a concurso, destacando sus sabrosos tintos de Cabernet Sauvignon.

 

 

A la tarde nos trasladamos al Museo de Caligrafía, donde se celebra una muestra de uvas de mesa y de las mejores bodegas de la región; en este incomparable marco, tuvieron lugar las ponencias de las bodegas extranjeras invitadas, todas ellas miembros de la Asociación de Vinos del Desierto. Leoluca Pollara presentó su original vino siciliano Príncipe de Corleone, la bodega familiar de la seca región de Morréale. Catamos vinos de Touriga Nacional de la bodega Quinta da Alorna, de la región portuguesa de Ribatejo, y tintos de gran carácter de la bodega Cuna de Tierra, de Guanajuato (México) de la mano de su entusiasta propietario: Ramón Vélez, que destacó que sus viñedos están plantados en el mismo lugar donde el padre de la Independencia Miguel Hidalgo, tenía los suyos.

 

Nektarios presentó sus vinos austeros y solidos de Theopetra Estate, bodega de la región griega del centro del país, Meteora, famosa por los monasterios colgados de las montañas de los monjes ortodoxos. Y representando a España contamos con una bodega jumillana Finca Luzón. José María de Castañeda, director de exportación, destacó que en la región murciana de Jumilla llueve poco más que en desierto del Gobi (220 mm frente a 150 mm al año), y que la variedad tinta Monastrell, originaria de la comarca, se ha adaptado muy bien al calor del estío, permitiendo vinos potentes, maduros y muy sabrosos. Como ejemplo pudimos degustar Finca La Solana, que aportaba un punto de optimismo a las duras condiciones climáticas de la región. Culminó la jornada con la presentación y cata de los piscos chilenos, que nacen entre cactus en los valles de Limarí y Elqui.

 

 

Llegamos a Chateau Shaen con una espléndida puesta de sol sobre las dunas del desierto que se internan en el lago. El año 2006 plantaron 1.600 hectáreas de viñedo alimentado por las aguas del río Amarillo, y tres años más tarde construyeron la imponente bodega de recuerdos toscanos. Un oasis de verdor entre las arenas del Gobi. Cuenta Shaen con la asesoría del antiguo propietario del bordelés Chateau Cheval Blanc, y en su cava subterránea, donde reposan 2000 barricas de roble francés, pudimos catar su Chardonnay fermentado en barrica, un coupage clásico de Cabernet Sauvignon y Merlot; así como el Icewine Vidal inspirado en los vinos de hielo canadienses. Tras la cata nos trasladamos a una tradicional yurta mongola donde degustamos un carnero asado al estilo tradicional.

 

 

El World Desert Wine Festival 2017 ha supuesto un excelente lugar de encuentro de las bodegas del mundo que lidian con condiciones extremas de sequedad ambiental, y allí pudimos disfrutar de los prometedores vinos de la región de Wuhai, cuya rotunda apuesta por la calidad y distintiva personalidad, la han convertido ya en una de las regiones vinícolas más emblemáticas de China.

 



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